Las ventajas de vivir cerca de un volcán activo

Chamuscado de Pompeya

Ahora que don Goyo está refunfuñando y lanza rayos y centellas ígneas, no tenemos, realmente, por qué preocuparnos. Al contrario, hay que ser positivos y analizar bien las ventajas de una posible explosión.

Hay varios escenarios. Para empezar, podría suceder, como en los últimos días, que la atmósfera se llene de pegajosa y negra ceniza. Hasta ahora, la ceniza ha volado amorosamente sobre la ciudad, como un cobertor que un padre cuidadoso está a punto de ponernos encima. Pero en futuros días, don Goyo podría decidirse y hacer que la ceniza se cierna definitivamente sobre nosotros, llenando nuestros pulmones e impidiéndonos respirar. Lo cual, a todas luces, es una ventaja porque ayudaría a los indecisos a dar ese importante paso que los hunda en un apacible sueño eterno y los libre, de una vez por todas, de esa molestia que es existir.

Si lo anterior, querido lector, le ha parecido un buen argumento, espere, porque la cosa se pone todavía mejor. Quizás, y roguemos al cielo por que así sea, corramos con la suerte de ser abrasados (y abrazados) por una nube piroclástica que venga desde las entrañas de la tierra y que nos inmortalice para la posteridad (como sucedió con el afortunado ciudadano de Pompeya que adorna este texto). De esta forma, junto con algunos selectos pobladores de esa famosa ciudad, pasaríamos a formar parte de una acogedora vitrina del futuro.

En los próximos días tendremos la oportunidad de reflexionar en qué pose queremos que nos descubra nuestro arqueólogo. Puede usted elegir, por ejemplo, una de dolor extremo. O, si es de espíritu positivo, puede aparentar que duerme para transmitir una sensación de paz a los visitantes del futuro museo. Si lo prefiere, podría escoger la pose de algún artista o, mejor aún, la de su meme favorito ¿No le agradaría que en su rostro se plasmara un gesto de eterna estupidez para que así lo vean las infinitas generaciones venideras?

Fuck yeah Popocatépetl

*La foto del afortunado pompeyano se la robé a Carolina Guevara Souza

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