La muerte y el eructo

Dostoievski es bien conocido por sus personajes  locos, delirantes, apasionados, asesinos, melancólicos, suicidas y toda una larga lista de energúmenos y enajenados mentales. Sus cuentos están llenos de ellos, pero, a diferencia de sus novelas, tienen además una fuerte dosis de humor.

El siguiente fragmento es del cuento “El cocodrilo”, que el mismo Dostovievski resume así: “Una historia verídica que vera sobre cómo un caballero de cierta edad y buena presencia fue engullido vivo y en su totalidad por un cocodrilo, y de lo que ello resultó”.

Moshe Nachumovich - The world in your hands

El cocodrilo, en un esfuerzo, seguro a causa del tamaño del objeto tragado, abrió una vez más sus fauces, de las que en forma de último eructo, y por un segundo, asomó la cabeza de Iván Matvéievich con cara de desesperación, resbalándosele al instante las gafas, que cayeron al fondo de la caja.

Parecía que aquella desesperada cabeza se había asomado al exterior para echar un último vistazo a todos los objetos, y así poder despedirse mentalmente de todas las delicias sociales. Sin dejarlo satisfacer su propósito, el cocodrilo engulló otra vez con todas sus fuerzas la cabeza, que desapareció en esta ocasión instantánea y definitivamente.

Aquella aparición y desaparición de una cabeza humana, aún dotada de vida, era algo terrible, pero a la vez, quizá por la rapidez y lo inesperado del hecho, o tal vez a causa de la caída de las gafas, encerraba en sí algo tan jocoso que hizo que yo imprevistamente soltara una carcajada. Sin embargo, al darme cuenta de lo indecoroso que en aquellos momentos era reírse de un amigo de la familia, me dirigí enseguida a Elena Ivánovna, a la que, con gesto simpático, dije:

-¡Adios a nuestro Iván Matviéievich!

Y cuando estamos a punto de aterrarnos por la muerte de un ser humano entonces el cocodrilo eructa. El humor rompe la tensión trágica pero también hace tambalear nuestras convenciones. El hombre no sólo es tragado sino que habla y vive desde dentro del cocodrilo. Curiosamente, frente a este hecho absurdo, la realidad cotidiana va revelando también toda su locura. Las carcajadas que provoca Dostoievski hacen la lectura realmente entretenida, pero también profundamente crítica.

Foto de Mose Nachumovich

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