Ayotzinapa, una metáfora para México

Fue el estado

Ayotzinapa es un punto de no retorno para eso que llamamos México. Sin embargo, lo que hace a esta masacre excepcional no es su violencia ni tampoco que haya sido perpetrada por el estado. Porque, a pesar de que los noticieros televisivos se empeñen en decir lo contrario, el crimen y la impunidad del estado son una vieja tradición en nuestro país (v. Vicente Alfonso, No se olvidan)

La diferencia radica en las grandes caminatas, o casi peregrinaciones; en las protestas en el Zócalo donde se lanzaron globos o se pusieron veladoras; en las exigencias dolientes más dignas que cualquier discurso del estado; en las peticiones de renuncia a Peña Nieto; en los cientos de artículos, crónicas , tweets y memes que circulan en la red; en suma, en todas esas manifestaciones que no son sino el hartazgo y la vergüenza materializados. Pronto han llegado también las obras de arte, como los óleos Aún no nos han entregado los cuerpos, de Helen Bickham, o Ayotzinapa, de José Gama.  Pero sería injusto no señalar que muchas manifestaciones espontáneas y populares son verdaderas obras de arte: instalaciones, performances, ready mades o happenigns que tienen mucho más alma que gran parte de lo que se vende en casas como Christie’s. Estas manifestaciones nos maravillan y nos mueven, precisamente porque la condición esencial del arte es que surja de las exigencias del espíritu, como todas ellas lo han hecho.

Helen Bickham - Aún no nos han entregado los cuerpos

*Helen Bickham – Aún no nos han entregado los cuerpos

2014-11-07 16.19.30

*José Gama – Ayotzinapa

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*Parte del ensayo fotográfico “Todos somos Ayotzinapa” del Laborario de Arte Documental

No puedo dar clase me faltan 43

*No puedo dar clase, me faltan 43. No quiero que mañana me faltes tú

Soy preligroso porque soy estudiante

*Soy peligroso porque soy estudiante.

Todos los días es día de muertos

*Todos los días es día de muertos (cartel mostrado durante el día de muertos en México)

Ilustradores por Ayotzinapa

Performance de estudiantes de la Universidad de Sonora

Performance de alumnos y maestros de la ENAT frente al MUNAL

En las protestas por Ayotzinapa no sólo ha estado en juego la impunidad por este caso o la corrupción de los gobiernos guerrerenses. Para una gran parte de la población, estas protestas han sido una metáfora que encarna todas las vejaciones, crímenes y maltratos que se cometen en todo el país, en todos los niveles de gobierno. De ahí las protestas expansivas que han mostrado estar llenas de alma y de arte y justicia, frente a las declaraciones demacradas y vacías del gobierno. Ayotzinapa no es excepcional porque sea un crimen de estado; es excepcional porque ha despertado en muchos las ganas de acabar con eso que, a falta de estado de derecho, se ha vuelto el estado natural de las cosas en nuestro país.

Pero aunque en muchos se ha encendido una llama, también hay, otros que no dudarían en “reprimir” a los manifestantes. Y no me refiero a alcaldes, gobernadores o policías, sino a misma población, que por alguna razón ha desarrollado alergia a las marchas, pero que se traga gustosa crímenes y abusos ¿Por qué? Es la pregunta que nos seguiremos haciendo y que Jorge Volpi ya ha condensado:

¿Por qué hay quienes osan sugerir que las protestas de los jóvenes son equiparables con los crímenes cometidos contra ellos?

¿Por qué hay quienes condenan las marchas y los destrozos pero no los asesinatos y las desapariciones?

¿Por qué hay quienes lamentan las marchas y los destrozos en vez de hacerse todas estas preguntas?

¿Por qué hay quienes no se dan cuenta de que esta tragedia nos implica a todos?

Para que cambien, estos oídos sordos tendrán que ver. Acaso, con este arte que es tragedia y esta tragedia que es metáfora, puedan vislumbrar algunos rayos de luz.

 

*En mi ensayo El arte de protesta, publicado en Revista Destiempos profundizo en este tema.

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