Legítima defensa

Violencia legítima

La captura y posterior liberación del activista Sandino Bucio Dovalí ha puesto en crisis la narrativa que atribuía los actos violentos en las manifestaciones por Ayotzinapa sólo a “infiltrados” del gobierno. Es cierto que esta es una técnica sucia para desacreditar a los disidentes políticos que se ha usado (y se sigue usando) desde hace décadas por el gobierno mexicano. Pero también lo es que esta explicación no alcanza para captar la complejidad de la realidad social. Muchos grupos han optado por la “violencia legítima” o la “acción directa”. Y en muchas ocasiones no se trata de grupos de marginados económicos y con bajos niveles de estudio, como han querido hacer ver periódicos como La razón, al trazar su “Perfil del anarquista”. Al contrario contrario, muy frecuentemente se trata de estudiantes que consideran que las manifestaciones pacíficas no sirven para nada y han decidido dar un paso más allá. El caso de Sandino es especialmente representativo porque sus acciones no sólo hablan por sí mismo, sino, como dirigente, por gran parte de su grupo.

En estos momentos se hace necesario quitarnos la venda de los “infiltrados” y también comenzar a preguntarnos sobre la legitimidad de la violencia. Aunque siempre será preferible la vía pacífica, no podemos quedarnos de brazos cruzados ante una amenaza directa. Rechazo la violencia que se parece al vandalismo, como la quema de la puerta de Palacio Nacional. En cambio, legítima hubiera sido una defensa para evitar el rapto de los once presos políticos del 20 de noviembre y del primero de diciembre. Legítima también una que evitara el rapto por parte del estado del que Sandino fue objeto (él corrió con la suerte de ser videograbado pero otros activistas, también de la UNAM que no corrieron con esa misma suerte, aún están desaparecidos). Legítimas son las autodefensas pues ante tal grado de violencia, el uso de la fuerza no sólo es legítimo sino necesario.

Aunque uno de sus dirigentes, Sandino, haya decepcionado con sus respuestas dubitantes, su poema trillado y su violencia sin sentido, el movimiento por Ayotzinapa y todas las exigencias que aglutina siguen siendo legítimas. También se hace cada vez más evidente el severo acoso del Estado contra sus dirigentes, algo contra lo que se necesita una defensa. Estemos unidos hasta las últimas consecuencias para evitar más raptos y desapariciones, no para quemar una puerta.

 

Deja un comentario