El solsticio de invierno, la navidad y otras religiones

Cuando los conquistadores españoles llegaron a tierras americanas, se sorprendieron de la semejanza que había entre la navidad y las celebraciones que los mexicas dedicaban a su principal dios. Según la leyenda, Huitzilopochtli había nacido el último día del mes Pānquetzaliztli, lo que en los calendarios actuales equivale al 18 o 19 de diciembre. Pero había sitios, como Malinalco, en lo que hoy es el Estado de México, donde Huitzilopochtli era celebrado el 24 de diciembre. Así que en las mentes de los conquistadores debió surgir una gran pregunta ¿a qué se debe que este dios pagano haya nacido en la misma fecha que Jesús? No faltaron las explicaciones teológicas, como que Jesús había predicado en América y perduraban sus enseñanzas, aunque deformadas. Independientemente de la razón, los evangelizadores aprovecharon la coincidencia para implantar a su propio dios: “sigan celebrando pero en vez de adorar a Huitzilopochtli adoren Jesús”.
Huitzilopochtli

La verdadera razón de esta coincidencia se debe al solsticio de invierno. Para los millones de personas que celebran cada año la navidad alrededor del mundo, es posible que el solsticio no suene a nada conocido. Entre el árbol de navidad, las posadas, Santa Claus y hasta los intercambios de chocolate en la oficina, el solsticio de invierno es algo que en apariencia no tiene ninguna relación con estas fechas. Sin embargo, este evento astronómico tiene mucho más que ver con la navidad que el propio nacimiento de Jesús. De hecho es el verdadero origen de esta celebración y de muchas otras fiestas de diversas religiones. Pero antes de entrar en materia, es necesario explicar los movimientos de la tierra y el sol.

 

El solsticio de invierno como evento astronómico

Recordemos que la tierra tiene un eje de rotación que se inclina con respecto a su eje de traslación 23.5 grados. Esto produce interesantes implicaciones, una de ellas es que a lo largo del año el sol trace una hermosa danza en el cielo.

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Esa figura en la imagen anterior, que nos recuerda a un símbolo de infinito, se conoce con el nombre de analemna y es el resultado de fotografiar al sol cada día, a la misma hora, a lo largo de todo un año. Y así como el sol se encuentra en una posición diferente cada día, también sale y se oculta en sitios diferentes. Por ejemplo, si estuviéramos en el ecuador, el sol saldría por el Este sólo durante el equinoccio de primavera. Después de esta fecha, lo veríamos salir cada día un poco más hacia el Norte, hasta llegar a su punto más alejado el día del solsticio de verano. A continuación, el sol emprenderá una marcha de regreso hasta llegar al Este en el equinoccio de otoño. Y finalmente, irá hacia el Sur hasta llegar a su punto más lejano en el solsticio de invierno. El eje de rotación inclinado de la tierra es el responsable de estos cambios en la posición del sol y de las estaciones. El solsticio de invierno tiene dos características principales: el sol sale en su posición más hacia sur y es la noche más larga del año.

 

El solsticio de invierno y la navidad

En ningún sitio de la Biblia se dice la fecha exacta del nacimiento de Jesús. Sin embargo, los expertos coinciden en que definitivamente no fue el 25 de diciembre. Varias fuentes apuntan a que nació a principios de otoño, muy probablemente en septiembre u octubre. La celebración del 25 de diciembre surge durante la Edad Media, cuando la Iglesia deseaba difundir el cristianismo y que se olvidaran otras religiones paganas. Y como tal parece que es más fácil hacer olvidar un dios que una fiesta, el método que se les ocurrió fue el siguiente. Tomaron celebraciones del solsticio de invierno que se remontaban a la antigüedad romana, como las saturnales (donde se intercambiaban regalos) y la del Sol invictus, para decir que en esa fecha había nacido Jesús ¿Suena parecido a lo que pasó en América con Huitzilopochtli? De esta forma, el cristianismo logró que se olvidaran los dioses paganos, aunque a un gran costo: acabó celebrando una fiesta que nada tiene que ver con él.

Para cuando los conquistadores llegaron a América, ya habían olvidado que la celebración del 25 de diciembre no era propia del cristianismo sino de una una religión pagana. Y la implantaron en América como si fuera propia.

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La importancia del solsticio en diversas religiones

En esta fecha no sólo se registra la noche más larga de todo el año, sino que a partir de este momento, conforme el sol avanza de nuevo hacia el norte, las noches se van haciendo más cortas y los días más largos. Y esto tiene una gran importancia simbólica. Es como si en esta noche nos encontráramos hundidos en la más profunda oscuridad, oscuridad que es vencida por una luz que se hace cada vez más potente. De esta forma, el solsticio de invierno representa el triunfo de la luz sobre las tinieblas y por eso es una fecha tan importante para diversas religiones alrededor del mundo. Sólo basta echar un vistazo a las diferentes celebraciones de llevan a cabo en esta fecha: como el Amaterasu, que celebra el resurgimiento de la diosa japonesa del sol; el renacimiento de Dioniso y el nacimiento de Mitra. Wikipeda contabiliza 34 celebraciones en torno a esta fecha, aunque es de suponer que esta lista no es exhaustiva. Por ejemplo, aquí hace falta el nacimiento de Huitzilopochtli.

La gran diversidad y amplitud de estas celebraciones (desde Japón con el Amaterasu, hasta América con Huitzilopochtli) nos hace replantearnos la misma pregunta que se hicieron los conquistadores, aunque con una perspectiva antropológica ¿A qué se deben estas coincidencias? Hay dos posibles respuestas: 1) que debido a la importancia del calendario solar y, por lo tanto del solsticio para todas las civilizaciones agrícolas, estas celebraciones hayan surgido por separado, y 2) que sean supervivencia de una religión más antigua, una religión que rendía culto al sol y que hunde sus raíces en la prehistoria.

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