Los orígenes de la Candelaria. Rastros paganos de una celebración de primavera

tamales

En el día de la Candelaria se celebran dos eventos. El primero de ellos es la presentación del niño Jesús ante el templo de Jerusalem (Lucas 2:22). El segundo es la purificación de la Virgen. Y aquí hay que recordar que, de acuerdo al Antiguo Testamento, una mujer es inmunda durante los días subsecuentes al parto. Será sólo hasta el día cuarenta y después de que sea redimida en un ritual descrito en Levítico 12 que se considerará limpia de nuevo. Es por eso que entre el nacimiento de Jesus (24 de diciembre) y la Candelaria (2 de febrero) transcurren cuarenta días. Y su nombre se explica, por lo menos para la liturgia católica, por las velas o “candelas” que simbolizan la luz del niño dios. Todavía en varios lugares, como Andalucía, se encienden inmensas hogueras en esta fecha. Sin embargo no queda muy clara la relación entre la presentación del niño, la purificación de la Virgen y las velas. Ni tampoco con la tradición mexicana de comer tamales y el muñequito de la rosca de reyes. Y es que para entender mejor esta singular unión habrá que interrogar a la historia.

Como es bien sabido, durante la Edad Media muchas costumbres paganas se modificaron para darles un cariz cristiano, por lo que el calendario está repleto de fiestas católicas que se impusieron sobre otras más antiguas. Son conocidos ejemplos el día de san Juan, que sustituyó las celebraciones del solsticio de verano, y la mismísima Navidad, que hizo lo propio con las del solsticio de invierno. La Candelaria no es la excepción.

Oso

De acuerdo a la leyenda, el dos de febrero el oso o el hombre salvaje salían de la madriguera donde habían hibernado para ver la luna. Si estaba oscuro, es decir, si había luna nueva, era señal de que había terminado el invierno. Entonces se tiraban un pedo, anunciando con ello inicio a la primavera. Todavía hoy se conservan costumbres de este tipo y en países anglosajones se celebra el día de la marmota, fecha en que estos roedores salen para realizar sus predicciones. La leyenda parece estar fundada en una característica común de todos los mamíferos hibernantes. En esta página web pueden hallarse estadísticas con los roedores más acertados en sus predicciones.

Sobre la primavera un anónimo poeta medieval recopilado en Carmina burana escribió:

¡Salve primavera deseada,
A los amantes grata,
Antorcha de la alegría
De muchas flores sustento! (156)

Febrero está relacionado con el inicio de la primavera, por lo que no es extraño que, como en el poema anterior, muchos rituales paganos hayan celebrado la fertilidad, la renovación y la sexualidad. Así, en la antigua Roma se llevaban a cabo las lupercales a mediados de este mes. Después de sacrificar un perro o un macho cabrío, los jóvenes lupercos prorrumpían en una carcajada ritual y salían semidesnudos y acompañados de las februas, tiras hechas con la piel de los animales recién sacrificados, a dar latigazos a las mujeres para fecundarlas. Y como señala Gaignebet, ya los teólogos del siglo VII reconocen que el objetivo de la Candelaria era remplazar a las lupercales (14)

lupercalia2

Pero no todos los aspectos de la Candelaria se explican a través de los rituales romanos y habrá que ir aún más atrás. En específico hasta Grecia y el mito de Perséfone. La joven diosa vivía apartada y protegida por su madre Deméter, la tierra, que no permitía que fuera cortejada. Sin embargo, Hades, el dios del inframundo, que se había enamorado de ella, logró burlar la vigilancia saliendo por una grieta en la tierra y raptó a Perséfone cuando inocentemente estaba cortando flores. Su madre la buscó por selvas y bosques durante mucho tiempo sin descansar, ni siquiera de noche, cuando portaba teas encendidas. Zeus, al ver que Deméter lloraba inconsolable encargó a Hermes rescatarla. Y lo logró, y a su regreso la tierra floreció de alegría, con lo que se dio paso a la primavera. Sin embargo el triunfo de Hermes fue solo parcial porque Perséfone debe regresar cada seis meses al inframundo, provocando así la llegada del invierno. Para conmemorar estos eventos se creó la fiesta de las luces, donde las mujeres, a principios de febrero, recreaban la búsqueda de Perséfone. Y como señala Santiago de la Vorágine en La leyenda dorada, el papa Sergio, al ver lo difícil que resultaba apartar a la gente de estas costumbres pagabas, creó la Candelaria, para que se siguiera saliendo con velas pero ahora en nombre del dios cristiano.

En México se celebra la Candelaria con una gran comilona de tamales que preparan aquellos a los que les salió el niño en la rosca de reyes partida el seis de enero. Y también cabe preguntarse cómo se originó esta costumbre. En los tiempos más antiguos de la celebración de la Saturnalia, los jóvenes echaban suertes para la elección de un rey de las burlas que dictaba ordenes disparatadas e irónicas y era agasajado con toda clase de placeres y caprichos durante treinta días. Pero su reinado terminaba de forma trágica, pues como Frazer explica, al final de este periodo era sacrificado, por lo menos en las épocas más antiguas (483). Esta costumbre un tanto bárbara se fue atenuando con el tiempo y ya en la Edad Media se elegía al Rey de la Faba, pero en vez de asesinarlo se quemaba, al finalizar el Carnaval, un muñeco o pelele. Las habas o fabas son alimentos flatulentos, por lo que tirarse pedos después de su ingestión es una forma ritual de solicitar que los vientos sean favorables y de garantizar la circulación del pneuma o aliento divino. De acuerdo a Weckmann, el ritual de elección del Rey de la Faba, tal cual era realizado en Navarra, donde se hacía rey durante un año a quien le tocara un haba escondida dentro de un pastel, es el antecedente de la costumbre mexicana del muñequito dentro de la rosca (205).

Rosca

La Candelaria, tal cual se celebra en México, es la conjunción de muchas costumbres. A los rituales más antiguos se superpusieron durante la Edad Media, los significados cristianos. Finalmente, durante la Conquista, hubo un nuevo sincretismo. Detrás de las velas y los banquetes de Candelaria todavía resuenan los pedos del oso y del rey de la Faba; la risa fertilizadora de los lupercos semidesnudos; la búsqueda de Perséfone con teas encendidas y los deliciosos tamales de los nahuas.

OBRAS CITADAS

  • Frazer, James George. La rama dorada. Magia y religión. Trad. Elizabeth y Tadeo I. Campuzano. México: FCE, 2014.
  • Gaignebet, Claude. El carnaval. Ensayos de mitología popular. Trad. Joan Antoni Martínez Scherem. Barcelona: Alta Fulla, 1984.
  • Montero Cartele, Enrique (ed.) Carmina burana. Los poemas de amor. Madrid: Akal, 2001.
  • Weckmann, Luis. La herencia medieval de México. México: FCE-El colegio de México, 1994.

Deja un comentario