Un ave que cayó del nido

Aquella vez encontramos dos pajaritos que se habían caído de su nido. Ya estaban emplumados pero todavía no podían volar y solo podían moverse por el suelo con graciosos brinquitos. Decidimos ponerlos en una maceta. ¡Y funcionó! Sus papás bajaban a nuestra casa a alimentarlo. Y así pasaron tres días hasta que esa tarde los cables de la luz se llenaron de una parvada de pájaros. Hacían un tremendo alboroto, como animándolos a que volaran, y lo lograron. Esa parvada fue su comité de bienvenida a los aires.

Ayer nos encontramos otro pajarito pero mucho más tierno que los anteriores. Y de nuevo está su mamá viniendo a darle de comer en una maceta. Al principio apenas podía pararse y hoy ya está dando brincos. Me dará gusto que pronto nos abandone y vuele lejos, muy lejos.

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