Archivo de la categoría: Arrancando sentido a los libros

Recuento de aquellas cosas que los libros me han dicho. De ellos saco mi mi propia historia

Arrival o “La historia de tu vida” en español

A muchos les sorprendió que una película de ciencia ficción, “Arrival”, estuviera nominada al Oscar. Pero el texto en el que está basada es una verdadera obra maestra: “Story of your life”, de Ted Chiang. En el cuento, los extraterrestres no son imponentes como en la película, sino unos seres graciosos que se parecen a barriles. Por otra parte, la concepción del tiempo alcanza una profundidad matemática y filosófica incomparables.

Aquí les dejo una versión digitalizada de “La historia de tu vida”, de Ted Chiang, en español.

 

Del dicho al lecho… Salvador Novo y Efraín Huerta.

La tradición popular forma un marco de referencia que todos conocemos y que, frecuentemente, es retomado por los escritores para elaborar sus textos. En los siguientes ejemplos, dos poetas mexicanos, Salvador Novo y Efraín Huerta, reformulan un bien conocido dicho de habla hispana:

Del dicho al hecho hay mucho trecho

Al reconocer estas palabras, el lector espera una cierta construcción semántica. Sin embardo, Novo y Huerta han realizado un cambio mínimo que implica un gran cambio de sentido.

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Perra en la tierra [José Emilio Pacheco]

Josef Koudelka Exiles

La manada de perros sigue a la perra
por las calles inhabitables de México.
Perros muy sucios,
cojitrancos y tuertos,
malheridos
y cubiertos de llagas supurantes.
Condenados a muerte
y por lo pronto al hambre y la errancia.
Algunos cargan
signos de antigua pertenencia a unos amos
que los perdieron o los expulsaron.
Ya pocos pueden
darse el lujo de un perro.

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José Emilio Pacheco, el cangrejo

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Sucedió en el año 2000, en la Ciudad de México. Con motivo de la Feria del libro, en el Zócalo se había instalado una enorme carpa que, en muchas ocasiones, estaba llena
nomás de sillas vacías o de despistados que se sentaban a descansar. Y es que conforme el mundo se ha ido olvidando de las palabras, el vacío es una enfermedad común en los eventos literarios. Sin embargo, esa tarde, sucedió lo contrario. Aunque había llegado temprano me costó trabajo encontrar un asiento incluso al fondo de la carpa. Se notaba que José Emilio Pacheco generaba mucha expectación. Quizás porque sus libros de narrativa se han hecho de lectura necesaria en secundaria y preparatoria. Y digo necesaria porque los jóvenes se han hallado a sí mismos en el amor inmoral de Las batallas en el desierto o en el descubrimiento erótico de El principio del placer. Ese había sido mi caso y pronto la necesidad me llevó a conocer más de este autor, sobre todo de su poesía.

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Cuestionamientos sobre el libro electónico

En La Gaceta del Fondo de Cultura Económica de este mes (abril del 2012) se incluye el artículo “Los libros electrónicos no se queman” de Tim Parks, quien, según la propia Gaceta, es profesor de literatura en a Libera Universitá di Lingue e Comunicazione de Milán.

El artículo es, como anuncia la portada (en la esquina inferior derecha) una apología del libro electrónico. Parks se lamenta que varios hombres de letras, profesores y expertos piensen que la alta literatura debería seguir leyéndose en papel y no en libros electrónicos. A qué se debe eso, se pregunta. Parks argumenta con razón que los libros electrónicos son más prácticos: baratos, ligeros y ocupan menos espacio.

Todos estos argumentos son válidos y completamente ciertos. Sin embargo Parks pronto deja a un lado la defensa basada en la “practicidad” del libro electrónico y se ocupa de “la experiencia misma de leer en relación con el texto”. Y aquí es donde Parks no convence. Escribe que “la experiencia literaria no radica en un momento de percepción o en un contacto físico con un objeto material”. Lo anterior podría ser cierto en el mundo de las ideas platónicas pero no en el nuestro. No se lee ni se comprende de la misma forma un texto en voz alta que en silencio; con buen humor o de malas; a las doce del día que a las cuatro de la madrugada; en en Nueva York que en Iztapalapa…

Gaceta FCE Abril 2012

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Enseñar a leer y a escribir

Anne-Marie Chartier - Enseñar a leer y a escribir

Con esta entrada inauguro formalmente mi Ex libris y mi proyecto de Arrancar mi historia a los libros.

Hace unos meses no hubiera siquiera contemplado comprar este libro. Su título me hubiera parecido más propio de un maestro de primaria que del profesor-investigador que planeaba ser. Sin embargo, mi vida cambió de un momento a otro y también mis necesidades de lectura. Mis planes para entrar al doctorado se derrumbaron, dejé de recibir la beca del CONACyT y me vi forzado a mendigar, literalmente, un trabajo.

Después de tocar muchas puertas (poco les importa a los empleadores mi maestría o mis publicaciones) logré entrar a dar clases en bachillerato a la UTC. Mi problema ahora era enfrentarme a los alumnos que mil veces me hicieron comentarios como: “su materia no es importante, no se desgaste ni nos haga perder el tiempo, tenemos que estudiar para finanzas”. Pronto, la frustración fue haciendo que en mi mente se fijara una idea “¿Soy tan pésimo maestro que no soy capaz, ya no de inspirar la pasión por la literatura, sino de enseñar las mínimas competencias de comprensión lectora?” Muchas veces descubrí a mis alumnos incapaces de entender instrucciones relativamente complejas por escrito…

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El camino de la verdad discurre a través de las mentiras y los sueños: Ursula K. Le Guin

Ursula K. Le Guin

La ciencia ficción me atrae pero también me decepciona. Muchos relatos de ciencia ficción saben vislumbrar problemas de gran interés y los plantean con habilidad al principio de la trama, pero después de alcanzar el punto más álgido del libro, que con suerte se encuentra a la mitad, se llega al final sólo por una especie de inercia de las palabras. Quizás por falta de sensibilidad de los autores o la falta de oficio, pero todo termina desinflándose.

Aún así sigo buscando… y la búsqueda me llevó a conocer una feliz excepción: Ursula K. le Guin.

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La biblioteca, un monstruo que murmura

El bestiario ejerce una influencia tan grande en los personajes de El nombre de la rosa que es empleado para las más arriesgadas y fructíferas comparaciones; la más interesante, me parece, es la de la biblioteca. Para describirla, varios personajes recurren a los animales y al bestiario. El abad, cuando explica a Guillermo cuáles son las restricciones, dice:

Los monstruos existen porque forman parte del plan divino, y hasta en las horribles facciones de los monstruos se revela el poder del Creador. Del mismo modo, el plan divino contempla la existencia de los libros de los magos […] Pero, como comprenderéis, precisamente por eso cualquiera no puede entrar en ella. Además, el libro es una critaura frágil […] (58-59).

Adso describe el comportamiento de Guillermo, fascinado por los maravilloros libros que lo rodean, cuando por fin logran entrar a la biblioteca, de la siguiente forma:

En suma, cada libro era para él como un animal fabuloso encontrado en una tierra desconocida (444).

En otro lugar, mientras Guillermo le explicaba a Adso que los libros se citan y, por lo tanto, hablan entre ellos, este se refiere a la biblioteca como si fuera una especie de animal monstruoso, porque está viva y es inquietante:

De pronto comprendí que a menudo los libros hablan de otros libros, o sea que es casi como si hablasen entre sí. A la luz de esta reflexión la biblioteca me pareció aún más inquietante. Así que era el ámbito de un largo murmullo, de un diálogo imperceptible entre pergaminos, una cosa viva (410).

La biblioteca es un centro de conocimiento y de control del mismo. No solamente lo posee, también lo administra, lo resguarda y lo oculta. Para los monjes, la biblioteca no es una idea abstracta, sino un centro de poder a la vez amenazante y fabuloso. La percepción de este poder se plasma por medio de imágenes que la transforman en “una cosa viva” un animal o un mosntruo.

Historia de la fealdad

Umberto Eco - Historia de la fealdad

Entre demonios, locos, enemigos terribles y presencias perturbadoras, entre abismos repulsivos y deformidades que rozan lo sublime, navegando entre freaks y fantasmas, se descubre una vena iconográfica extraordinariamente amplia y a menudo insospechada.

Así que, tras haber contemplado a lo largo de estas páginas la fealdad natural, la fealdad espiritual, la asimetría, la falta de armonía y la deformidad, en un sucederse de lo mezquino, débil, vil, banal, casual, arbitrario, tosco, repugnante, desmañado, horrendo, insulso, vomitivo, criminal, espectral, hechicero, satánico, repelente, asqueroso, desagradable, grotesco, abominable, odioso, indecente, inmundo, sucio, obsceno, espantoso, abyecto, monstruoso, horripilante, vicioso, terrible, terrorífico, tremendo, repelente, repulsivo, desagradable, nauseabundo, fétido, innoble, desgraciado, lamentable e indecente, el primer editor extranjero que vio esta obra exclamó: «¡Qué hermosa es la fealdad!»