Archivo de la etiqueta: Pacheco

Perra en la tierra [José Emilio Pacheco]

Josef Koudelka Exiles

La manada de perros sigue a la perra
por las calles inhabitables de México.
Perros muy sucios,
cojitrancos y tuertos,
malheridos
y cubiertos de llagas supurantes.
Condenados a muerte
y por lo pronto al hambre y la errancia.
Algunos cargan
signos de antigua pertenencia a unos amos
que los perdieron o los expulsaron.
Ya pocos pueden
darse el lujo de un perro.

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José Emilio Pacheco, el cangrejo

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Sucedió en el año 2000, en la Ciudad de México. Con motivo de la Feria del libro, en el Zócalo se había instalado una enorme carpa que, en muchas ocasiones, estaba llena
nomás de sillas vacías o de despistados que se sentaban a descansar. Y es que conforme el mundo se ha ido olvidando de las palabras, el vacío es una enfermedad común en los eventos literarios. Sin embargo, esa tarde, sucedió lo contrario. Aunque había llegado temprano me costó trabajo encontrar un asiento incluso al fondo de la carpa. Se notaba que José Emilio Pacheco generaba mucha expectación. Quizás porque sus libros de narrativa se han hecho de lectura necesaria en secundaria y preparatoria. Y digo necesaria porque los jóvenes se han hallado a sí mismos en el amor inmoral de Las batallas en el desierto o en el descubrimiento erótico de El principio del placer. Ese había sido mi caso y pronto la necesidad me llevó a conocer más de este autor, sobre todo de su poesía.

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José Emilio Pacheco – Las moscas*

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José Emilio Pacheco, “Las moscas”, en Álbum de zoología, ilustraciones Francisco Toledo, México: Era, 1998, pp. 50-51.

Para una interpretación de su poesía visita José Emilio Pacheco, el cangrejo

LAS MOSCAS

Mientras yo sobre ti, tú sobre mí,
los dos a lado,
dos alados insectos se persiguen.

Obscenamente sobrevuelan el lecho,
miran zumbonas o tal vez excitadas.

Para él sin duda no eres la más hermosa y deseable.
(Tal un lirio entre las espinas
es su mosca entre muladares
Los contornos de su trompa son como joyas,
como púrpura real sus vellosidades.)

¿Despreciarán
sus ojitos poliédricos nuestros cuerpos,
nuestras torpes maniobras,
nuestros brazos que no son alas?

Y juntas se levantan como la aurora,
grandiosas como ejércitos en batalla.

Han puesto de cabeza el rastrero infierno
y se adueñan al fin de su cielo raso.

Bocabajo, ya inaudibles, jadeantes,
colgadas de las patas sobre el abismo,
hacen lo suyo sin pensar en la muerte.

 

*Con disculpas a Salomón, Cantares 2:2, 7:1 y 6:10

Imagen: Ana Karen Adhara.