Archivo de la etiqueta: Poesía

A una hoja impresa en el pavimento

Están vivas tus venas de piedra
Y todavía por tu espalda pueden arder
Con cada lluvia
Columnas de agua

Pero solo eres una imagen
Para ti ya no habrán
Arrullos nocturnos
Ni bailes con los insectos
Ni más vuelos
En las risas y los rizos de aire

Recostada en tu lecho
Verás el último de los soles
Y los cielos

Y mientras te miro
Desde el fondo
De este instante
De glorias y de pozos
Quisiera flotar como tú
Sobre el agua de la muerte

*Hoja vista frente a Radio UNAM

Del dicho al lecho… Salvador Novo y Efraín Huerta.

La tradición popular forma un marco de referencia que todos conocemos y que, frecuentemente, es retomado por los escritores para elaborar sus textos. En los siguientes ejemplos, dos poetas mexicanos, Salvador Novo y Efraín Huerta, reformulan un bien conocido dicho de habla hispana:

Del dicho al hecho hay mucho trecho

Al reconocer estas palabras, el lector espera una cierta construcción semántica. Sin embardo, Novo y Huerta han realizado un cambio mínimo que implica un gran cambio de sentido.

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Amanecer

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Despierto y el sol sale sobre tu cuerpo
Tu silueta horizontal
Es como el borde del mundo
Dónde estás Carolina?
Qué malvado designio
Te mantiene lejos de mí?
Cuánto daría por tu risa blanca
En medio de la noche
Por que duermas de nuevo
sobre mi pecho
Por sentir tu alma temblorosa
Y tus labios de maíz
Por sentir otra vez
Y sin miedo al infinito
Tus dedos enlazados como río
En la tierra de mis dedos

 
Fotografía: Christy Lee Rogers

Perra en la tierra [José Emilio Pacheco]

Josef Koudelka Exiles

La manada de perros sigue a la perra
por las calles inhabitables de México.
Perros muy sucios,
cojitrancos y tuertos,
malheridos
y cubiertos de llagas supurantes.
Condenados a muerte
y por lo pronto al hambre y la errancia.
Algunos cargan
signos de antigua pertenencia a unos amos
que los perdieron o los expulsaron.
Ya pocos pueden
darse el lujo de un perro.

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Egon Schiele (poema)

Egon Schiele - Amantes

Para AKA

Como tu pintura
de los amantes sobre el pasto,
ella sobre mí
y yo sobre ella.
¡Qué tedioso es ser uno mismo
todo el tiempo!
Ver las cosas de frente.
Tus trazos con serpientes
que se enroscan,
Schiele,
la vagina es un pozo
de pétalos molidos
en tus manos.
Con las costillas rotas
él penetra sus caderas,
los cuerpos marchitos de placer,
los amantes huesudos
que se abrazan
sobre un mar de serpientes.
Así es el deseo,
la flor que mira al piso,
la flor eternamente
sedienta.
Así es ella
con sus brazos amarillentos,
los ojos invencibles
y su cuerpo que se acuesta sobre la tierra.
Sus ropas no están abajo todavía
él no está dentro de ella
todavía,
estamos al borde de que el cuerpo
de esa copa
se rompa
en una parvada de pájaros.

Eduardo Santiago Ruiz

José Emilio Pacheco, el cangrejo

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Sucedió en el año 2000, en la Ciudad de México. Con motivo de la Feria del libro, en el Zócalo se había instalado una enorme carpa que, en muchas ocasiones, estaba llena
nomás de sillas vacías o de despistados que se sentaban a descansar. Y es que conforme el mundo se ha ido olvidando de las palabras, el vacío es una enfermedad común en los eventos literarios. Sin embargo, esa tarde, sucedió lo contrario. Aunque había llegado temprano me costó trabajo encontrar un asiento incluso al fondo de la carpa. Se notaba que José Emilio Pacheco generaba mucha expectación. Quizás porque sus libros de narrativa se han hecho de lectura necesaria en secundaria y preparatoria. Y digo necesaria porque los jóvenes se han hallado a sí mismos en el amor inmoral de Las batallas en el desierto o en el descubrimiento erótico de El principio del placer. Ese había sido mi caso y pronto la necesidad me llevó a conocer más de este autor, sobre todo de su poesía.

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José Emilio Pacheco – Las moscas*

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José Emilio Pacheco, “Las moscas”, en Álbum de zoología, ilustraciones Francisco Toledo, México: Era, 1998, pp. 50-51.

Para una interpretación de su poesía visita José Emilio Pacheco, el cangrejo

LAS MOSCAS

Mientras yo sobre ti, tú sobre mí,
los dos a lado,
dos alados insectos se persiguen.

Obscenamente sobrevuelan el lecho,
miran zumbonas o tal vez excitadas.

Para él sin duda no eres la más hermosa y deseable.
(Tal un lirio entre las espinas
es su mosca entre muladares
Los contornos de su trompa son como joyas,
como púrpura real sus vellosidades.)

¿Despreciarán
sus ojitos poliédricos nuestros cuerpos,
nuestras torpes maniobras,
nuestros brazos que no son alas?

Y juntas se levantan como la aurora,
grandiosas como ejércitos en batalla.

Han puesto de cabeza el rastrero infierno
y se adueñan al fin de su cielo raso.

Bocabajo, ya inaudibles, jadeantes,
colgadas de las patas sobre el abismo,
hacen lo suyo sin pensar en la muerte.

 

*Con disculpas a Salomón, Cantares 2:2, 7:1 y 6:10

Imagen: Ana Karen Adhara.

Poema para hacer el amor

Egon Schiele - Amantes

Szymborska, Wislawa, “Algo evidente”, en Poesía no completa, ed. y trad. Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia, introd. Elena Poniatowska, México: FCE, 2008, pp. 45-46

ALGO EVIDENTE

Henos aquí, amantes desnudos,
bellos -y mucho- para nosotros mismos,
sólo cubiertos con hojas de párpados,
recostados en una noche profunda.

Pero saben ya de nosotros, saben,
estas cuatro esquinas, este quinto horno,
esas sombras sagaces sentadas en las sillas
y la mesa con su muy significativo silencio.

Y saben los vasos por qué, en el fondo,
el té se enfría sin que nadie se lo tome.
Switf ya no tiene ninguna esperanza,
nadie lo leerá esta noche.

¿Y los pájaros? No te hagas ilusiones:
Ayer vi cómo en el cielo
escribían abierta y claramente
el nombre con el que te llamo.

¿Y los árboles? Dime qué quiere decir
su murmullo infatigable.
Dices: tal vez el viento tenga a bien saber.
¿Y cómo supo el viento de lo nuestro?

Entra por la ventana una mariposa nocturna
y con sus alas velludas
ensaya despegues y aterrizajes
zumbando terca sobre nuestras cabezas.

¿Acaso ve más que nosotros
con la agudeza de su vista de insecto?
Yo no lo presentí, tú no lo adivinaste:
nuestros corazones brillan en la oscuridad.

Imagen: Amantes en el pasto, Egon Schiele