El humor freudiano

El chiste representa entonces una rebelión contra tal autoridad, una liberación del yugo de la misma (El chiste 91)

Freud enfoca el fenómeno de la risa en dos textos. El primero es un breve libro que se titula El chiste donde argumenta que la comicidad es un arma que deja escapar algo reprimido. En otras palabras: en vez de golpear al otro en la cabeza, lo herimos con un chiste. El segundo texto es un, todavía más breve, artículo que lleva el nombre de El humor.

En estos dos textos, Freud trata dos fenómenos que, aunque relacionados con la risa, son completamente distintos. En El chiste se enfoca en la comicidad,  un tema que ha sido tratado desde la antigua Grecia. Por ejemplo, Platón ya había señalado el carácter agresivo de la risa, lo que lo lleva a censurarla en personas de alta estima y a prohibirla en su Academia. La gran innovación de Freud radica en comprender que la risa cómica brinda una salida civilizada a una agresión que de otra manera podría ser física.

Suponemos cuál puede ser el papel del chiste en la agresión hostil. Nos permitirá emplear contra nuestro enemigo el arma del ridículo, a cuyo empleo directo se oponen obstáculos insuperables (El chiste 90)

Por ello, los chistes obscenos, agresivos y tendenciosos (racistas, machistas, etc.) provocan una carcajada tan incontrolable. Porque presentan a las claras aquello nosotros reprimimos con mayor fuerza; de ahí, justamente, que provoquen mucho placer. Como ejemplos pueden citarse varios chistes de Freud donde se destrozan los buenos modos sociales:

“¿Cómo anda usted?” Preguntó el ciego al paralítico. “Como usted ve” respondió el paralítico al ciego (El chiste 36)

Y el siguiente:

Una alcahueta [Freud dice “un intermediario judío”] presenta a su cliente la muchacha que le ha escogido para novia. Desagradablemente impresionado, llama el joven aparte a su acompañante y le llena de reproches: “¿Para qué me ha traído usted aquí? Es fea, vieja, bizca, desdentada y…” “Puede hablar usted alto -interrumpe la alcahueta- también es sorda” (El chiste 55)

Y uno más:

Un señor entra en una pastelería y pide en el mostrador una tarta, pero la devuelve en seguida, pidiendo, en cambio, una copa de licor. Después de beberla se aleja sin pagar. El dueño de la tienda le llama la atención. “¿Qué desea usted?” pregunta el parroquiano. “Se olvida de pagar la copa de licor que ha tomado” “Ha sido a cambio del pastel” “Sí, pero es que el pastel tampoco lo había usted pagado” “¡Claro, como que no me lo he comido!” (El chiste 51)

Pero la verdadera genialidad de Freud se revela en su breve artículo El humor. Aquí desarrolla un aspecto mucho menos conocido y mucho más sorprendente de la risa. Y es que la mayoría de los filósofos se olvidaron de que la risa no sólo aparece durante la alegría, sino también puede acompañar a la tragedia. Y aquí es donde Freud nos ofrece una explicación de por qué el humor sale a relucir en las situaciones más difíciles. Con este chiste de humor negro, Freud comienza su exposición:

Un delincuente que es llevado al cadalso un lunes manifiesta: “¡Vaya, empieza bien la semana!” (El humor 157)

Este chiste es una magistral pieza de ironía. En el delincuente hay algo sumamente trágico, pero al mismo tiempo su actitud es admirable. Sobre todo sorprende la forma en que se enfrenta a algo que es inevitable: su propia muerte. Para Freud, el humor es una forma, no exenta de amargura, mediante la cual, el ser humano se sobrepone a la terrible realidad:

El humor no tiene sólo algo de liberador, como el chiste y lo cómico, sino también algo de grandioso y patético […] El humor no es resignado, es opositor; no sólo significa el triunfo del yo, sino también el del principio del placer, capaz de afirmarse aquí a pesar de lo desfavorable de las circunstancias reales (El humor 158-159)

Y más adelante:

Es cierto que el placer humorístico nunca alcanza la intensidad del que se obtiene en lo cómico o en el chiste, nunca se desfoga en risa franca; también es verdad que el superyó, cuando produce la actitud humorística, no hace sino rechazar la realidad y servir a una ilusión. Pero atribuimos un valioso carácter -sin saber muy bien por qué- a este placer poco intenso, lo sentimos como particularmente emancipador y enaltecedor (El humor 161)

Igual que el heroísmo y el valor, el humor surge en las situaciones últimas de las vida humana. Quizás no nos dé una victoria sobre la situación, pero sí un triunfo sobre la cobardía y sobre nosotros mismos, una frente en alto, una sonrisa.

Bibliografía

El chiste y su relación con lo inconciente, trad. de Luiz López Ballesteros y de Torres, Madrid: Alianza Editorial, 1981.

“El humor”, en Obras completas, vol. XXI, traducción directa del alemán de José L. Etcheverry; ordenamiento, comentarios y notas de James Strachey con la colaboración de Anna Freud, asistidos por Alix Strachey, Alan Tyson y Angela Richards, Buenos Aires: Amorrortu, 1998, pp. 153-162

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