Árbol de poesía

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Motivar a los estudiantes de preparatoria a leer no es una labor sencilla. La mayoría de las veces ven la literatura como algo completamente ajeno, sin sentido y aburrido. Es por eso que siempre busco formas de interesarlos, muchas veces con poco éxito. Pero en ocasiones las cosas parecen salir a las mil maravillas. El Árbol de poesía es un proyecto que parece funcionar muy bien, ha creado mucha expectación en la escuela y ya se verá, cuando regresemos de vacaciones, qué tan efectivo es.

Todo comenzó porque en una actividad de clase, les pedí que escribieran un poema. La intención inicial del ejercicio era muy simple: que se familiarizaran con su presentación visual, ya que muchos de ellos ni siquiera distinguen a primera vista entre prosa y verso (me di cuenta de ello porque suelen copiar los ejemplos de poemas a renglón seguido, como si los versos fueran un error o una división arbitraria)

Lo que pensé que sería un trabajo cotidiano se convirtió en una gran sorpresa. Todos los jóvenes estaban maravillados escribiendo y, en clases posteriores, la experiencia se repitió con los géneros del ensayo, la obra de teatro y el cuento. A los jóvenes les es difícil entrar en contacto con las letras, sin embargo, estos ejercicios me demostraron que la necesidad de expresión inherente en cada ser humano encontraba un cauce natural a través de la literatura. Al final, los alumnos no solo estaban satisfechos, sino que querían hacer públicos sus escritos.

Mi primer idea fue hacer un periódico mural, pero pensé que sería mejor una técnica que estuviera más acorde con esa inspiración que había brotado en ellos. Así que, como una metáfora, se me ocurrió hacer un Árbol de poesía. La idea es simple y fácil de realizar: elegir un pilar de la escuela y adornarlo como un árbol para que los alumnos pudieran colgar de sus ramas sus textos. La idea es crear un canal de comunicación, pero también un estímulo que los inspire a escribir. Las reglas para usar el árbol se basan en la libertad: si alguien se siente deseoso de publicar un texto (propio o de otro autor) puede escribirlo y colgarlo de las ramas. A su vez, cualquiera puede descolgar lo que sea de su agrado y hacerlo suyo. De esta forma, el árbol es un canal que permite publicar en todo momento, las veces que sean y que lleva los textos a los que quieren leer. Además, hay un encanto en el hecho de que el alumno no sabe quién tomará su texto. Cuando el alumno descubre que éste ha desaparecido, sabe que entabló un lazo poético con alguien, aunque ese alguien permanezca en el misterio.

La extrañeza del árbol, como si se tratara de un montaje surrealista, invita a la creación.

Estas fotografías atestiguan al proceso de su elaboración. Se acabó de montar el 30 de marzo del 2012. Lo dejamos ahí, un viernes con pocos alumnos antes de salir de vacaciones. Dentro de una semana regresaremos a la escuela y la mayoría de los alumnos se encontrarán por primera vez con él. Espero que la extrañeza y la fascinación sean suficientes para ponerlos a leer y escribir.

Para que este proyecto se pudiera realizar, fue preciso contar con el apoyo de la profesora Paola, catedrática del área de diseño. Ella llevó a cabo toda la realización, desde la idea y la colecta de ramas naturales hasta el montaje final. También fue indispensable el apoyo de las coordinadoras Rosa María Mora y Anatolia, que siempre están buscando generar un ambiente adecuado para los estudiantes y no tienen miedo a los nuevos proyectos.

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