Humor y horror en Bruegel

Bruegel el Viejo - La loca Meg (Dulle Griet)

¿Qué sentimiento surge al mirar Dulle Griet de Bruegel? Es indudable que muchos elementos remiten al horror: el gran fuego que, aunque está a lo lejos, parece siempre amenazante; el cielo teñido del color de la sangre y la ceniza; las lanzas de los ejércitos que se enfrentan; y ese rostro gigante, que no es otra cosa que la boca del infierno, con los ojos que no pueden cerrarse, pues los párpados son de madera, ante el terror ultraterreno que vislumbran.

La boca del infierno

Pero también hay muchos elementos que nos producen risa. Ahí está ese monstruo cuyas piernas salen directamente de su cabeza y, por lo tanto, la boca y el ano son el mismo orificio. O el insecto, de la esquina inferior izquierda, que parece ridículamente gordo para las delicadas patas que lo sostienen y que mira la escena con con un gesto de idiotez o ingenuidad. Muchos de los combatientes llevan armaduras absurdamente grandes o están en posiciones que recuerdan a la ebriedad. Y el tema mismo de la pintura es risible: una mujer que encabeza un grupo de mujeres para asaltar el infierno.

Frente a esta pintura no podemos sentir solamente horror o risa. La única reacción posible es una mezcla de ambas cosas. En la mayoría de las situaciones estas dos experiencias se encuentran separadas, pero esta pintura deja al descubierto que pueden ser la misma cosa.

Eso es lo que quiere decirnos el único rostro que mira directamente al espectador. Desde la base del gran árbol que domina todo el flanco izquierdo se asoma con su risa y su mirada maliciosas. Nos está retando. Ese rostro es Bruegel y se ríe porque sabe que algo se ha roto en nosotros. Nos ha invadido esa extraña sensación de que el miedo y el placer, la risa y la crueldad son lo mismo.

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