Una breve historia de cómo hemos imaginando a los extraterrestres: desde una utopía cristiana en la luna hasta marcianos comunicándose por telégrafo

Tarkovski, Solaris [portada de DVD]

El gusto por imaginar cómo son los seres de otros mundos no es reciente. Pueden ser encontrados, desde la antigüedad, varios textos de habitantes de la luna, como el Mahabharata, The Wonders Beyond Thule, Gargantua y Pantagruel, etcétera. Sin embargo, es gracias al heliocentrismo y al nacimiento de la ciencia moderna (siglos XVI y XVII) que estas elucubraciones tomarán un nuevo cariz. Imaginar a seres de otros mundos dejará de ser un tema propio de la ficción y comenzará a ser visto como una preocupación con bases científicas.

La etapa lunar

Hombres murciélago de la luna, según Herschel

Al ser el objeto celeste más cercano, la luna fue la primera en atraer las fantasías acerca de la vida extraterrestre. En Somnium (1634), un libro de ficción de Kepler, se relata cómo el protagonista viaja a la luna con la ayuda de un demonio y ahí contempla la flora y fauna del lugar. Kepler también creía que los terraplenes de forma circular que se ven alrededor de ciertos cráteres lunares fueron creados por seres inteligentes. Por otra parte, John Wilkins, en The Discovery of a World in the Moone (1638) hace varias proposiciones de tipo científico sobre la luna que son bastante acertadas, como que es un cuerpo sólido y que no brilla con luz propia. En la proposición VI retoma las palabras de antiguos filósofos, como Orfeo, Xenófanes, Anaxágoras, etc., que aseguran que la luna “tiene muchas montañas y ciudades y casas en ella […] y que fue habitada como este mundo inferior [la Tierra]” (80-81). Finalmente, Wilkins concluye en su proposición XIII que “Es probable que haya habitantes en este otro mundo, pero su tipo es incierto” (187). El libro de Francis Godwin, The Man in the Moone (1638), describe cómo Domingo Gonsales tiene que huir de España en una máquina voladora y después de 12 días de viaje llega a la luna donde se encuentra con una sociedad de cristianos de gran estatura que viven en un paraíso utópico.

Los periódicos serían fundamentales para propagar en la mente del público la idea de que existen seres en la luna. The New York Sun publicó varios artículos acerca de los supuestos descubrimientos del astrónomo John Herschel: “Se dice que Herschel ha observado criaturas que parecen bisontes, cabras, unicornios y castores sin cola en los bosques de la luna. El hallazgo más sorprendente, sin embargo, fue el descubrimiento de criaturas de murciélagos humanos que habían construido templos en la luna.” (“Peoples”).

Marcianos al ataque

Canales de Marte, según Schiaparelli

Con el avance tecnológico y la capacidad telescópica en constante aumento, la luna se irá haciendo cada vez más familiar y, por lo tanto, menos propicia para albergar a seres extraterrestres. Así, con el paso del tiempo, la imaginación de seres de otros mundos va situando sus intereses cada vez en lugares más lejanos. En las últimas décadas del siglo XIX, el lugar preferido de la vida extraterrestre se trasladó de la Luna hasta Marte. Lo que detonaría la gran fiebre de la vida marciana sería la publicación, en 1877, de Giovanni Schiaparelli de que había canali en el planeta rojo. De acuerdo con Sagan: “Canali en italiano significa zurcos, pero se tradujo rápidamente al inglés como canales, una palabra que implica diseño inteligente.” (111).

Y, de nuevo, los periódicos harían su parte al avivar las fantasías sobre la vida en Marte. En el artículo “A signal from mars” (1896), del periódico The San Francisco call, se leía que M. Javelie descubrió proyecciones luminosas provenientes del sur de Marte que interpretó como si: “Los habitantes de Marte transmitieron mensajes a los habitantes de su planeta hermano, la Tierra” (“A signal”). En un artículo publicado por The Tomahawk (1920), se reúne la opinión de varios científicos e inventores de la época sobre la posibilidad de señales de otros planetas. El artículo crea un panorama muy amplio sobre todo lo que se creía sobre las civilizaciones extraterrestres: la forma de comunicarse con ellos (telegrafía inalámbrica, antenas de radio suspendidas gracias a globos, haces de luz); los posibles planetas en que habitaban, Marte o Venus; y hasta la apariencia física y su supuesta inteligencia sobrehumana. El artículo comienza con la noticia de que Marconi recibió lo que podrían ser supuestas señales de otros planetas. En palabras del propio Marconi:

He encontrado durante mis experimentos con telegrafía inalámbrica los fenómenos más sorprendentes. Lo más sorprendente de todo son las señales que yo personalmente he recibido y que creo que se originaron en el espacio más allá de nuestro planeta. Creo que es completamente posible que estas señales hayan sido enviadas por los habitantes de otros planetas a los habitantes de la tierra.

(“Hello, Earth”).
Ilustración del artículo “Hello, Earth” de The Tomahawk (1920)

Más adelante se cita una opinión de Thomas Alba Edison, que decía que no era experto en telegrafía wireless, pero el fenómeno observado por su colega bien podría aportar bases para sustentar la teoría de los habitantes de otros mundos. Se cita a Tesla, quien afirmó que en 1899 construyó un receptor que le permitió recibir una extraña señal: “Un día mi oído captó lo que parecían ser señales regulares. Sabía que no podrían haber sido producidos en la tierra. Se me ocurrió la posibilidad de que vinieran de Marte.” (“Hello, Earth”).

Tesla además abogaba para conseguir financiamiento y que se llevaran a cabo más experimentos. Se cita al profesor Percival Lowell, quien especuló en 1914 que los marcianos habían construido nuevos canales. Finalmente, se dice que Einstein también cree que Marte y otros planetas están habitados, y que posiblemente están usando rayos de luz para comunicarse.

Los exoplanetas

Exoplanetas, representación de artista

En la década de los sesenta se inicia la era moderna de búsqueda de inteligencia extraterrestre (Dick 3). Con la ampliación de nuestras capacidades de observación del universo gracias a los radiotelescopios, el horizonte de lo misterioso y lo desconocido se hace, de nuevo, más lejano. Y así como antes se abandonó la Luna para fijar los intereses en Marte, en esta nueva etapa, el objetivo de la búsqueda de inteligencias extraterrestres se centrará en los exoplanetas.

De acuerdo con Dick, hay tres eventos que marcan el inicio de la era moderna de búsqueda de inteligencia extraterrestre:

(1) la publicación de un artículo fundamental por Giuseppe Cocconi y Philip Morrison, ‘Buscando comunicaciones interestelares’, en Nature en 1959, que sugiere que se realice una búsqueda en la longitud de onda de radio de 21 cm, (2) El Proyecto Ozma de Frank Drake en 1960, que llevó a cabo la primera búsqueda de este tipo en Green Bank, West Virginia, y (3) Una pequeña pero legendaria conferencia en Green Bank en 1961, donde se discutió la viabilidad de una búsqueda.

(Dick 3).

En la introducción de ese importante artículo de Cocconi y Morrison, la búsqueda de inteligencia extraterrestre se justifica mediante una analogía con el universo físico observable. De acuerdo con los autores, a semejanza de lo que pasa en nuestro propio sistema solar, es posible que en otras estrellas también existan civilizaciones avanzadas. Quizás el argumento más sorprendente de este artículo es que postula que la detección de esas civilizaciones se puede realizar mediante ondas de radio, específicamente en la frecuencia de los 1420 MHz. Si bien esto no es del todo nuevo y ya había sido sugerido por Tesla, Marconi y otros, Cocconi y Morrison presentan una argumentación sólida que sentó las bases de la investigación científica de inteligencias extraterrestres.

Pronto surgiría la pregunta de cuántas civilizaciones avanzadas existen en nuestra galaxia. Frank Drake intentaría brindar una respuesta con una ecuación que presentó en la célebre conferencia de Green Bank. Dicha ecuación incluye variables astronómicas, biológicas y culturales, como el número de estrellas en la Vía Láctea, cuántas de ellas tienen planetas habitables, la fracción de esos planetas que pueden albergar vida o civilizaciones y el tiempo de vida promedio de una civilización. El problema es que prácticamente es imposible conocer con exactitud el valor de algunos de los términos de la ecuación de Drake. A pesar de ello, algunos cálculos sugieren que el número de civilizaciones avanzadas en nuestra galaxia es de decenas de millones (Sagan 319).

Galaxias, campo profundo del Hubble.

Parece ser que el universo está repleto de vida inteligente, sin embargo, todavía no ha sido detectada. ¿Sera posible que estemos solos en el infinito? Al hecho de que todavía no hayamos establecido contacto con una civilización extraterrestre se le denomina la paradoja de Fermi. Esto debido a que, en una conversación que versaba sobre platillos voladores en 1950, Fermi exclamó, “¿Dónde están todos?”. Se han desarrollado múltiples explicaciones para esa contradicción entre un universo supuestamente repleto de vida y el silencio estéril que nos rodea. Las respuestas son de todo tipo, como la que dice que las civilizaciones más cercanas están a varios cientos de años luz. La ciencia ficción también ha brindado sus explicaciones, ejemplo de ello sería la teoría del dark forest, que Cixin Liu expone en su novela homónima.

Como se ha visto, la posibilidad de la existencia de seres extraterrestres trae aparejado el surgimiento de ejercicios de especulación que se enfocan en esos seres todavía desconocidos. Después de la pregunta ¿existen?, surgen otras como ¿dónde están?, ¿cómo son?, ¿qué hacen? Se va llenando así ese hueco, se va creando al otro que no existe. La construcción imaginaria de esos seres es increíblemente variada y puede ir desde la más simple cavilación sobre sus características físicas, hasta las más complejas elucubraciones de sus conductas morales y sociales. Existen muchos modelos para imaginar al otro-extraterrestre: cristianos perfectos viviendo una utopía en la Luna, adversarios terribles como en las novelas de H. G. Wells o seres tan superiores en términos científicos y éticos que nos resultarían incomprensibles. Mientras no descubramos si existe vida en otros sitios del universo o no, seguiremos imaginando cómo son esos seres de más allá de la tierra.

Obras citadas

Deja un comentario