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Dedos gigantes en la neblina

Eran casi las 10 de mañana y estábamos devorando unas tortas de tamal en la estación de autobuses de Pachuca porque esa sería nuestra única comida real de las próximas doce horas. Ya era muy tarde porque a Ari se le ocurrió toparse con el marihuano de la colonia y filosofar con él un rato. Si hubiéramos ido a escalar al Valle Diego Mateo o a las Ventanas, no hubiera habido problema, tendríamos el tiempo sobrado, pero ese día nuestro objetivo era una roca que estaba mucho más lejos.

Después de dos horas más de camino, llegamos a Las manzanas, una zona de escalada cerca de Mineral el Chico, Hidalgo. Al llegar, tomamos un café y tuvimos que estampar nuestros autógrafos en un libro. Eso de hace para que los dueños del lugar tengan un registro de quiénes están en la roca y así, si no bajan, poder subir a buscarlos al día siguiente (generalmente con burros para cargar de regreso los cachitos). Pero nosotros éramos valientes y no nos dejábamos intimidar. Por lo menos no por el libro. Otra cosa eran las rocas que escalaríamos se veían desde ahí, desde el restaurante, en el lomo de los cerros, como dedos gigantes que se cerraban en la neblina. Podía verlas desde el valle y ya sentía esa fuerza que es al mismo tiempo amenazante y seductora.

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Elaborar un campus casero para entrenar fuerza de dedos en escalada

Las tablas de campus pueden encontrarse en todos los gimnasios de escalada y son una herramienta fundamental en el entrenamiento. Pero lo cierto es cada vez que voy a un rocódromo prefiero gastar mis energías (y mi dinero) entrenado técnica o descifrando boulders en vez de estar haciendo repetitivas series en esa tablita. Así que, desde hace un tiempo, pensé que tener un campus en casa me ayudaría a entrenar la fuerza en dedos, aprovechar mejor mis tiempos libres y divertirme mucho más en mis visitas al rocódromo.

Este es un pequeño tutorial para hacer una tabla de campus casera.

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Qué significa para mí escalar

Más allá de las maniobras que hay que grabarse en lo profundo de los músculos, más allá de los calambres en los antebrazos, más allá de las manos, los dedos y los corazones sangrantes, más allá están el agotamiento y la felicidad de llegar a la cima.

Escalar no es solo un esfuerzo físico, sino espiritual. En los tiempos que corren, cuando ya nadie confía ni se entrega, escalar implica entregar tu vida completamente a un compañero y confiar en ti mismo.

Este fin de semana (20, 21 y 22 de abril) vamos a escalar Peña de Bernal y quiero desearles lo mejor a todas las cordadas que vamos a enfrentar este reto. Y quiero agradecer especialmente a mis queridas amigas Ely y Lau; a Alan, mi cordada; y a ti, Víctor, pues con tu apoyo me has ayudado a encontrar la fuerza dentro de mí mismo.

Que seamos como racimos de estrellas colgando del cielo, del cielo de roca de Bernal.